‘Tokenización’: mi reloj se ha transformado en una tarjeta de crédito Por Jorge G. García La ‘tokenización’ revoluciona los métodos de pago al permitir que cualquier dispositivo dotado de esta tecnología realice transacciones Madrid 24 SEP 2017 - 09:53 CEST
El concepto de token le resultará familiar a los más asiduos
a los festivales. Cambian su dinero por esas fichas y con ellas pagan
todo lo que consuman en el recinto. La evolución de este método de
compra ha dado un salto en los último años. Cada vez hay más empresas
que lo han incorporado como moneda de cambio habitual. Apple Pay o el
reloj inteligente Ionic de Fitbit son dos ejemplos de la tokenización. Dos métodos de pago que se basan en acercar el teléfono o la pulsera al terminal para realizar una transacción como si se tratara de una tarjeta de crédito.
La revolución de los tokens
tiene una primera barrera de seguridad. Tal y como explica Carmen
Alonso, directora general de Visa España, es un medio que ofrece muchas
más garantías que una tarjeta debido a que solo sirve para realizar un
pago concreto. Es decir, imposibilita que dupliquen el plástico y puedan
apropiarse de todo el dinero de una cuenta. “Los consumidores tienen
confianza en estos nuevos métodos de compra. Adoptan aquellos productos y
servicios digitales que mejor se adaptan a su rápido estilo de vida”,
explica.
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El aumento de seguridad se basa en que los tokens funcionan
igual que la tarjeta, pero cuando se produce la compra, la información
que circula no es la del titular, sino la de la ficha. De esta forma, se
sustituyen los datos de la cuenta por una serie de números que permiten
el pago. Cristina Carrascosa, abogada experta en blockchain, precisa cómo es el funcionamiento de esta nueva tecnología: “Los tokens admiten varias capas de valor en su interior, por lo que es quien lo diseña el que decide qué tiene dentro un token en concreto”.
Tiempo al tiempo
Esta nueva tecnología no se adpotará de un día para otro. Más allá de
los acuerdos necesarios entre todos los actores, desde emisores de
tarjetas hasta empresas fabricantes de wearables, la confianza
es una palabra clave. “Las nuevas formas de pago siempre tardan en
adoptarse porque lo que está en juego es el dinero y la seguridad. Nadie
puede equivocarse cuando ya está disponible para los usuarios”, razona
Bill Gajda, vicepresidente de Innovación de Visa. Estos clientes
derriban paulatinamente sus barreras con respecto al pago sin tarjetas.
Como concluye el estudio de Visa de Pagos Digitales 2017, “el 77% de los
españoles utiliza su móvil para realizar operaciones bancarias y
efectuar compras diarias”.
Para los desarrolladores de la tokenización,
la razón de ser de esta tecnología radica en los cambios de hábitos de
consumo de la sociedad. Si los teléfonos móviles y los relojes
inteligentes acompañan el día a día de las personas,
¿por qué no permitir comprar con ellos? En palabras de Bertrand Sava,
director general de Visa para el sur de Europa, se trata de multiplicar
las posibilidades de pago y no quedarse en las tarjetas tradicionales.
“Aplicamos las oportunidades que crea el internet de las cosas. Si es un
sistema seguro, ayudemos a que los usuario utilicen lo que tienen más a
mano, ya sea un coche o una pulsera”, añade.
Los ‘millenials’ lideran el pago digital
Los millenials están impulsando el crecimiento del pago digital.
Según la encuesta de Pagos Digitales 2017 de Visa, este grupo social,
de entre 18 y 34 años, utiliza en un 86% el llamado dinero móvil para
comprar o pagar facturas. De hecho, más de la mitad de ellos no tiene
ningún problema en utilizar su smartphone para transferir dinero a
familiares o amigos, cuando la media a penas llega al 40%. En el estudio
de la proveedora de tarjetas, queda claro y patente que esta generación
impulsa con fuerza el uso de nuevas tecnologías, como los tokens, y que lo único que quieren es poder hacer uso de su dinero en cualquier momento y para cualquier tipo de gasto.
El incremento exponencial del comercio electrónico, que ha habilitado
tiendas que abren 24 horas durante 365 días al año, ha facilitado la
irrupción de nuevos métodos de compra; y más si demuestran que gozan de
mayor seguridad, como sucede con los tokens. Pese a que hay
menor reticencia a teclear los datos de una tarjeta en los sitios web
–el 61% de los consumidores europeos ve con mejores ojos los pagos
digitales que hace un año, según el informe de Visa–, la desconfianza
continúa rondando en la cabeza de muchos clientes. Precisamente, uno de
los caballos de batalla contra los que luchan las empresas es este, el
llamado “abandono del carrito de la compra”.
En el caso de España, la percepción de inseguridad y de falta de privacidad a la hora de pagar con dispositivos que no sean la tarjeta de crédito
disminuye año tras año. Sin embargo, aún no goza de una aceptación
generalizada. “Las inquietudes sobre temas de seguridad ha descendido de
un año para otro del 65% al 55%, cuatro puntos por debajo de la media
europea”, determina el estudio de Visa.
La revolución de la tokenización se abre paso poco a poco.
Los esfuerzos de todos los implicados por ofrecer mejores experiencias
de compra a sus usuarios les puede llevar a que resulte común hacer la
compra desde la nevera o que nuestro coche pague directamente el
repostaje. El gran problema al que tendrán que enfrentarse es, como
suele ocurrir con muchas soluciones tecnológicas, el hackeo de los datos. “Tenemos que asegurar que los tokens
no se copian porque los cibercriminales pueden utilizarlos en lugar de
los datos tradicionales y conseguir sus mismos objetivos”, concluye
Irene Abezgauz, vicepresidenta de Cymmetria.
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